Sunday, June 18, 2006

Mientras todos miran hacia adelante y hacia sí mismos...


¡Ahí viene un taxi!. Habíamos esperado un buen rato en aquélla esquina, hasta que escuché que papá se dirigió hacia mí en tono contento, como quien por fin obtiene lo que esperaba. Me hizo dejar mis pensamientos (perdida en los ficus enormes del Ovalo Primavera, pensaba en su larga vida, en su perfección, admiraba su belleza). El taxi se detuvo y al bajar la vereda, ante la puertecilla abierta del auto vi que frente a mi esquina, en la esquina anterior habían dos familias esperando igualmente un taxi. Una muy numerosa, de más o menos 7 personas y otra menos numerosa. Subí al taxi y recobré la última imágen: los 5 niños con sus padres jugaban arropados todos con casacas enormes y gorritos de lana; un anciano, una mujer madura, y dos jóvenes esperaban otro taxi. Uno de los jóvenes en una silla de ruedas.
Mi hermanita y mi padre ríen. Miro por la ventana, la ciudad fría y vacía, con su gente de hielo, con su risas indiferentes. Mi papá. La cuidad. El Perú. ¿Podría la humanidad, por…favor…., perdonarme?...

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