A pesar de que aquél día tuve clases, no quise perderme de "La Fete de la Musique". Festival al que tenía que ir abandonando la potencialmente interesante clase( si no la dictara el aburridísimo y tontolín profe de Comercio Internacional), tal vez sòlo por vengarme de no haber ido al concierto de Emily Loizeau por cruzarse con mi imperdible e interesante clase con el profe de "Económico". Eran 4 opciones. Todas simultàneas y en el centro de la ciudad: danzas, piano, orquesta de salsa y concierto de rock. Tuve que elegir y fué fácil: me dirigí al recital de piano.
Llegué en el intermedio y con muchas ganas de llenarme de las delicias que de esos dientes negros y blancos pueden obtener unas manos talentosas.
No desconocía a la pianista, pero nunca la había escuchado tocar, asì que me dije que además de todo, sería una buena oportunidad de conocerla.
He aquí el relato de Lucas, que parece el mío propio, pues me hago hermana suya no de sangre sino de víctima, por lo víctimas que somos aveces de las cosas de los conciertos y desconciertos... :
Allí por el año del gofio Lucas iba mucho a los conciertos y dale con Chopin, Zoltan Kodaly, Pucciverdi y pare que te cuento Brahms y Beethoven y hasta Ottorino Respighi en las épocas flojas. Ahora no va nunca y se las arregla con los discos y la radio o silbando recuerdos, Menuhin y Friedrich Gulda y Marian Anderson, cosas un poco paleolíticas en estos tiempos acelerados, pero la verdad es que en los conciertos le iba de mal en peor hasta que hubo un acuerdo de caballeros entre Lucas que dejó de ir y los acomodadores y parte del publico que dejaron de sacarlo a patadas. ¿A que se debía tan espasmódicadiscordancia? Si le preguntás, Lucas se acuerda de algunas cosas, por ejemplo la noche en el Colón cuando un pianista a la hora de los bises se lanzó con las manos armadas de Khatchaturian contra un teclado por completo indefenso, ocasión aprovechada por el público pare concederse una crisis de histeria cuya magnitud corresponda exactamente al estruendoalcanzado por el artista en los paroxismos finales, y ahí lo tenemos a Lucas buscando alguna cosa por el suelo entre las plateas y manoteando pare todos lados.- ¿Se le perdió algo, señor? - inquirió la señora entre cuyos tobillos proliferaban los dedos de Lucas- La música, señora - dijo Lucas, apenas un segundo antes de que el senador Poliyatti le zampara la primera patada en el culo.Hubo asimismo la velada de lieder en que una dame aprovechaba delicadamente los pianissimos de Lotte Lehman pare emitir una tos digna de las bocinas de un templo tibetano, razón por la cual en algún momento se oyó la voz de Lucas diciendo: "Si las vacas tosieran, toserían como esa señora", diagnóstico que determinó la intervención patriótica del doctor Chucho Belaustegui y el arrastre de Lucas con la cara pegada al suelo hasta su liberación final en el cordón de la vereda de la calle Libertad. Es difícil tomarle gusto a los conciertos cuando pasan cosas así, se esta mejor at home.
Y por último querido Lucas, haz como yo: sal corriendo, tómate una aspirina y usa tus viejos discos. at home como dirías tu. a lo seguro, digo yo y no más víctimas...
* el relato es de Cortázar en Un tal Lucas
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